¿De qué llenas tu plato?

Hace tiempo, cuando trabajaba en el departamento de medios interactivos de un proveedor de internet, solía ir a comer con todo el equipo a un restaurante chino bastante bueno que estaba justo cruzando la calle de la oficina.

El lugar nos encantaba porque era el típico buffet “coma todo lo que quiera” que nos permitía satisfacer nuestra hambre post-adolecente sin llevarnos a la quiebra.

Recuerdo que una de nuestras compañeras, una chica que vivía obsesionada con su peso pero a la que le encantaba comer mucho, era la única que no disfrutaba acompañarnos. Mientras los demás llenábamos nuestros platos de rollos primavera, arroz frito, cerdo agridulce y demás delicias orientales, ella se servía cantidades industriales de verduras al vapor y ensalada.

Lo curioso es que, después de varios atracones, casi sin darnos cuenta comenzamos a dejar de comer como vikingos y a elegir lo que poníamos en nuestro plato de manera relativamente sana y balanceada. Después de todo, con la carga de trabajo que teníamos, a ninguno nos convenía regresar tan llenos de comida que en vez de trabajar nos pasáramos el resto de la tarde sentados frente al monitor tratando de vencer el sueño.

Para cuando nos dimos cuenta todos dejamos de comer el buffet y comenzamos a pedir a la carta uno o dos platos que sabíamos nos iban a mantener satisfechos el resto del día, e incluso descubrimos que gastábamos menos y nos sentíamos mejor. Todos excepto mi compañera que sentía que tenía que aprovechar para comer todo lo que pudiera y continuó consumiendo platos y más platos enormes rebosantes de ensalada.

El problema era que, mientras que los demás podíamos trabajar sin problemas el resto del día, en un par de horas ella se sentía como si no hubiera comido nada y cada media hora interrumpía su trabajo para salir desesperada a comprar un dulce, unas papas o cualquier cosa para engañar el hambre.

¿Cuantos de quienes laboramos por nuestra cuenta hemos caído en el mismo error que mi ex compañera a la hora de buscar trabajo?

Al no contar con un cheque quincenal seguro aceptamos cualquier proyecto que nos ofrezcan, sin realmente detenernos a pensar si nos conviene realmente.

Un buen día te das cuenta que todo tu plato está lleno de “ensalada”, y que estás trabajando como burro para sacar pequeños proyectos “sencillos” que acaban consumiendo la misma cantidad de horas que otros proyectos más interesantes. Lo peor es que, si no te das cuenta a tiempo, puedes terminar estancándote profesionalmente, además de que tus ingresos apenas te alcanzarán para vivir al día.

Terminamos pasando el día entero haciendo “unas tarjetitas”, una “paginíta sencilla”, un “textito rápido”, etc, etc, etc. En vez de balancear nuestra “dieta” combinando proyectos de diferentes tamaños y grados de complejidad que nos permitan crecer y aprender cada día, además de resultar más atractivos económicamente.

Y tu… ¿te has puesto a pensar de que llenas tu plato?

Tal vez estás a tiempo de iniciar una buena dieta. 😉